¿Es cierto que en realidad no sabemos lo fácil que es nuestra vida?

Os voy a contar una historia, una historia tan real como esa lágrima que nos cae por las mañanas al levantarnos y bostezar, tan real como la pantalla que estás mirando. Es tan real como tú lo eres, pero no lo parece.
En un pueblecito cercano a Adís Adeba, llamado Arsi, en 1973 nació un niño. Otro como todos los demás, una espalda más donde cargar el grano, pero una boca más que alimentar. Tenía otros nueve hermanos y vivía en casa de sus padres, unos simples granjeros que apenas tenían que llevarse a la boca.
La escuela más próxima estaba a 10 km por lo que todas las mañanas desde los nueve años, Haile, que así se llama el chico, abandonaba su casa bien temprano para poder recorrer esa distancia y, aún así, ser puntual. Evidentemente no había otra manera de hacerlo.
Quizá fuera el ansia de conocimiento, quizá las dificultades que pasaba en casa, o quizá simplemente que le gustaba correr, pues lo hizo una forma de vida.
Así se forjó la leyenda de uno de los más grandes atleta de todos los tiempos Haile Gebreselassie, 2 veces campeón olímpico y 4 campeón del mundo de los 10000 m... quizá esos fueron los 10 km que recorría todas las mañanas para ir a la escuela.

Si nos fijamos aún hoy podemos ver como coloca su mano izquierda al correr, como si llevara los libros que entonces llevaba a la escuela.
... y pensar que hoy en día los niños odian ir a la escuela...